Dian Fossey, la dama de los gorilas

 
 
 
 
 
 
 
  
 
 
 
 
 
Dian Fossey
La dama de los gorilas
 
 
 
Los conservacionistas son tal vez la variedad más antigua de lo que hoy entra en la categoría de los llamados ecologistas. Han existido a través de todas las épocas de la historia y se destacan, precisamente, por pretender conservar, o mejor dicho, preservar algún componente del medio natural que les rodea. Tal puede ser una especie de animal agotada por la cacería, la vegetación silvestre que se quema para sembrar maíz o frijol, o el panorama que se destruye por la construcción de una represa. Algunos de ellos son individuos que conocen a la perfección las especies de organismos que interactuan en un ecosistema dado, y en que forma les afecta una u otra medida que el hombre toma al interferir en ese medio; pero otros, los más comunes, ignoran como está caracterizado ese ecosistema y están en contra de todo aquello que les huela a cacería, tala, construcción de caminos o urbanización.
Dian Fossey fue una naturalista que, por entender el daño que los cazadores hacían a las especies que ella estaba estudiando, se convirtió, irremediablemente, en su protectora, en una conservacionista radical de la fauna local de gorilas de los Montes Virunga en Africa.
A principios de los 60′s Dian Fossey era una solterona dedicada a trabajar con niños impedidos de sus facultades mentales, y deseosa de hacer realidad un sueño: conocer Africa. Por tal razón, en 1963 emprendió un viaje hacia ese lugar y visitó, en primera instancia, al Dr. Louis Leakey, afamado paleontólogo inglés, que se encontraba en las excavaciones paleontológicas de Olduvai; luego continuó su viaje a la montaña de los Montes Virunga, habitat de los gorilas de montaña.
En 1966, en Estados Unidos, entró nuevamente en contacto con el Dr. Leakey y le muestró fotografías de los gorilas tomadas en 1963, y los artículos que sobre esos ellos escribió y publicó en revistas no especializadas. Ello le valió la atención de Leackey y el que la seleccionara como la persona idónea para que cumpliera un deseo personal: enviar un especialista, su "chica de los gorilas", al Congo a estudiar los más grandes primates vivientes. A fines de 1966, Fossey salió nuevamente al Africa, pero esta vez para realizar un trabajo para el cual, extrañamente, no estaba preparada: ¡no era una investigadora, ni tenía experiencia! Se estableció en Zaire, pero despues de 6 meses de residencia estalló una revuelta en el país que trajo consigo su detención y de la cual, por un pelo, escapó con vida. Asilada en Rwanda, lo que hizo fue darle la vuelta a los Montes Virunga y reiniciar su trabajo en la parte de estas montañas correspondientes a este otro país.
El gorila de montaña fue apenas descubierto en este siglo. Desde un principio, Fossey tambien descubrió que era atrozmente perseguido por los llamados ‘poachers’ o cazadores furtivos quienes, de continuar matándolos, provocarían que el gorila de montaña fuera una especie extinta antes de terminar el siglo XX.
Desde el primer día emprendió con entusiasmo el estudio de los gorilas y el combate a los ‘poachers’, que los mataban "para arrancarles las orejas, la lengua, los testículos y los meñiques". Estos apéndices eran mezclados con algunos potingues y preparaban una bebida que, según creían, "les dotaba de la viralidad y la fuerza del gorila descuartizado". En su labor investigativa y en su lucha social, adoptó conductas "excéntricas"; por una lado divulgaba la historia natural de esos gorilas de montaña y hacía campaña para protegerlos de los cazadores, mientras que por otro lado, fomentaba en los grupos de gorilas, con los cuales -por primera vez en la historia- llegó a establecer una increíble afinidad y comunicación, el temor a los negros pero no a los blancos porque, según decía, los cazadores furtivos eran negros.
Asimismo, tenía un cementerio de gorilas a un lado de sus instalaciones. A tal grado llegaba su pasión por estos animales que en 1980 tomó como rehen a la hija de una nativa, a la cual acusaba de haber robado un cachorro de gorila, y se la ofreció en canje a su madre. No obstante su extraña historia, no hay duda que fue Fossey quien levantó el velo de misterio y terror que sobre los gorilas persistía aun en 1965.
Su presencia y su extraño comportamiento comenzó a provocar problemas entre los habitantes de la zona aledaña a su Centro de Investigación. De múltiples formas se intentó obligarla a abandonar el lugar, pero ella decía que permanecería en Karisoke mientras que los cazadores furtivos continuaran siendo una amenaza para los gorilas.
El 27 de Diciembre de 1985 fue brutalmente asesinada a machetazos en su gabinete de trabajo del Centro de Investigación Karisoke. La nota oficial, emitida por funcionarios rwandeños, señalaba que: "fue muerta por asaltantes en su campamento en la montaña". Sin embargo, en Agosto de 1986 acusaron del crimen a un estudiante graduado, Wayne McGuire, que estaba haciendo su tesis doctoral bajo la asesoría de Fossey, señalando que lo cometió por celos personales y profesionales. Ignorando tal acusación, pero consciente de su inminente arresto, McGuire regresó a los Estados Unidos. El 18 de Diciembre de ese mismo año, un tribunal rwandeño lo juzgó in absentia y lo condenó a morir bajo el fuego de un pelotón de fusilamiento en cuanto volviera a pisar Rwanda.
Para sus cercanos colaboradores no quedó duda de que el asesinato fue cometido por los ‘poachers’ en complicidad con las autoridades ya que, según McGuire, Fossey "había reunido información de ‘poachers’ capturados que sugería que algunos de ellos podrían haber estado trabajando, esto es, matando gorilas, con la complacencia de alguna gente del gobierno". Desafortunadamente, afirmó McGuire, "nunca sabremos con seguridad quien mató a Dian, porque nunca obtendremos la información de los rwandeños".
Cuando Fossey murió, prácticamente ya estaba retirada de la investigación y se dedicaba, en cuerpo y alma, al cuidado de sus gorilas: a luchar para salvarlos de los cazadores y de la extinción. Tan profundo era su amor por estos animales como su desconfianza al hombre, que en una entrevista que le hicieron en mayo de 1985 dijo: "No tengo amigos. Cuanto más aprendo sobre la dignidad de los gorilas, más quiero eludir a la gente".
Y como el manuscrito de su segundo libro, que jamás fue encontrado porque tal vez nunca se escribió, la verdad sobre su muerte quizá nunca se sepa porque jamás se investigó.
La revuelta genocida que surgió en Rwanda a principios de los 90′s, y que en menos de 5 años produjo una masacre calculada en alrededor de 1.2 millones de víctimas, desplazó a un millón de refugiados y hundió cualquier posibilidad de rescatar a los gorilas de montaña de la extinción. Una de las zonas de batalla fueron precisamente los Montes Virunga, en donde hubo nutrido fuego cruzado, enfermedades humanas compatibles y letales a los gorilas, y una extensiva siembra de minas terrestres.
En 1994, la organización Dian Fossey Gorilla Fund fue obligada a salir de Rwanda.
A finales de 1995 se estimó que había una población de gorilas de montaña no mayor a los 300 individuos, por lo que es altamente probable que antes del año 2,000 no existan más estos animales en su medio natural.
El último de diciembre de 1985 Dian Fossey fue sepultada en su cementerio particular, en medio de 17 gorilas, un perro y un mono, dentro del perímetro del Centro de Investigación Karisoke. 10 años después, Karisoke estaba en ruinas; ni siquiera el augurio de Fossey sobre el destino del lugar se cumplió.
 
"…cuando muera, no habrá nadie que salve a los gorilas, Karisoke será una atracción turística y cesará de existir como centro de investigación".
 
Lo último que escribió Dian Fossey en su diario fue: “Cuando te das cuenta del valor de la vida, uno se preocupa menos por discutir sobre el pasado, y se concentra más en la conservación para el futuro”.
 
Lo último que escribió Dian Fossey en su diario fue: “Cuando te das cuenta del valor de la vida, uno se preocupa menos por discutir sobre el pasado, y se concentra más en la conservación para el futuro”.
Dian Fossey
 
 
 
gorilasfossey 
 
Dian consiguió que los gorilas toleraran su presencia entre ellos,
trás seguirlos durante meses, y se convirtió en la auténtica salva_
dora y referente mundial de esta especie; con multitud de conferen_
      cias, libros y videos, sobre sus experiencias, lo que le dió nivel
internacional a su causa y constituyó el auténtico seguro de vida
         de unos magníficos animales que estaban condenados a desaparecer. Dian murió por los gorilas, su legado nunca morirá.
 
 
 
 
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3 respuestas a Dian Fossey, la dama de los gorilas

  1. Valeria dijo:

    Cada vez que leo o escucho la historia de esta mujer admirable, se me pone la piel de gallina, pero también me invadse una gran orgullo de que personas así existan. Ella murió por sus ideales a manos de inescrupulosos, pero su mensaje y su huella no se borran con nada, eso es lo rescatable de su muy triste final. Un beso grande, es un honor visitar tu espacio!!. Valeria

  2. etel dijo:

    Nos han enseñado que el hombre se diferencia de los animales en la inteligencia y puede que tengan razón. Pero en lo que sí que nos diferenciamos, es en nuestra capacidad de destrucción, de exterminio, incluso dentro de la misma especie. Hablan de cambio climático, ahora empiezan a reconocerlo, esos mismos que hace una década se reían de los ecologistas tachándolos de catastrofistas. Bien, la catástrofe está aquí, el planeta despierta y si es verdad la teoría de Gaia quizá la guerra por la supervivencia esté comenzando. Hoy intentamos salvar a los gorilas. Mañana, quizá nosotros seamos los gorilas a merced, de tifones, huracanes, terremotos, sequías, inundaciones… llegado ese día no nos rasgemos las vestiduras, nos tocará comernos nuestros euros o dolares o libras o yenes o la que sea. La cuestión es… ¿nos entrará la racionalidad antes o seguiremos comportándonos como niños caprichosos y mal criados que consideran el planeta como un juguete?.

  3. MAVI dijo:

    Soy bióloga y sin embargo creo en Dios, y justamente me preguntaba hace un tiempo atrás, porque es que ya no nos morimos todos y nos dejamos de joder y otra vez Dios me dio la respuesta, pues aún existen personas como esta SEÑORA con mayúsculas, el creador se apiada nuevamente de nosotros y nos permite continuar, lo que si da pena es que este tipo de seres humanos si se está extinguiendo….. además de penoso es peligroso.

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